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El Partido Obrero Revolucionario

El Partido Obrero Revolucionario se fundó en la clandestinidad, en el verano de 1974. Los últimos crímenes del dictador Franco mataban el miedo, provocaban la ira de los trabajadores y de la juventud y la solidaridad de todos los pueblos de Europa, y anunciaban que el régimen franquista era ya una fiera acorralada.

Nuestro partido, que en esos primeros años se llamaba PORE (Partido Obrero Revolucionario de España), fue fundado por un sector del trotsquismo que surgió del movimiento obrero y estudiantil antifranquista de finales de los años sesenta.

Toda la etapa final del franquismo se caracterizó por la extraordinaria creatividad política y la diversificación de los grupos de militantes revolucionarios.

Parecía como si la juventud obrera y estudiantil, que apenas despertaba de décadas de amordazamiento y de aislamiento internacional, quisiese asimilar lo antes posible «hasta la última palabra» del pensamiento y de la técnica de los revolucionarios de todos los países y todas las épocas.

Los partidos que vivían básicamente en el exilio (como el PSOE) y no lograron fundirse con los nuevos movimientos obreros y populares, sobre todo con las Comisiones Obreras, quedaron marginados en la cuneta durante esos años, y sólo salieron de allí cuando la propia burguesía les necesitó y les llamó para frenar a la oposición revolucionaria.

El mismo PCE, en los movimientos obreros y juveniles clandestinos comenzó a ser rebasado por la izquierda, escindido, desafiado por una nueva vanguardia. La extrema izquierda de las Comisiones Obreras y de los otros organismos de lucha dio origen a nuevos grupos políticos que rechazaban la política de «reconciliación nacional» del PCE y a sus mentores de la burocracia del Kremlin.

Muchos de ellos, por un tiempo, buscaron ayuda y dirección en Pekín, y más tarde en la Albania de Enver Hoxa. Pero otra parte se unió al marxismo revolucionario independiente, es decir a los partidarios de la Cuarta Internacional, a las corrientes del trotsquismo.

Ahí comienza la historia de nuestro partido, que es una rama del trotsquismo y desde sus primeros pasos ha estado implicado en los esfuerzos internacionales por reconstruir y desarrollar la Cuarta Internacional. Hoy el POR milita en la corriente trotsquista llamada Unidad Internacional de los Trabajadores.

Unas líneas sobre el trotsquismo.

Los trotsquistas somos una rama del tronco comunista, que se desgajó el tronco «oficial» en tiempos de Stalin, cuando el poder soviético y la Internacional Comunista toparon con difíciles desafíos.

La fracción de Stalin subordinó los intereses de la revolución proletaria en todo el mundo a los intereses de una nueva casta social, la burocracia, relativamente privilegiada en la Rusia aislada, atrasada y cercada por el imperialismo. Los principios del leninismo fueron adaptados y abandonados para instaurar en la Unión Soviética un nuevo régimen de dictadura y privilegios de esta burocracia.

León Trotski, dirigente de la revolución rusa de 1917, fundador del Ejército Rojo, y que moriría asesinado por un agente de Stalin en 1940, encabezó la resistencia de los comunistas contra el poder de la burocracia y la degeneración burocrática de la tercera Internacional. Poco antes de que el propio Stalin disolviese la tercera Internacional como contrapartida de sus alianzas con las potencias imperialistas, Trotski y sus partidarios fundaron la Cuarta Internacional para mantener vivos los principios y métodos del marxismo revolucionario, que han inspirado a sucesivas generaciones de comunistas independientes de Moscú, y a distintas tendencias políticas que comunmente reciben el nombre de «trotsquistas».

El POR pertenece a este movimiento. El POR libró sus primeras batallas en la llamada «transición».

Formamos parte de la gran minoría que quería lograr un cambio revolucionario, y no esta Monarquía capitalista vinculada a la Europa de las grandes multinacionales, contra la que se estrellaron las grandes esperanzas del final del franquismo. Los pactos del franquismo sin Franco con los dirigentes oportunistas del exilio y la oposición, plasmados en la Constitución Monárquica, los Pactos de la Moncloa y los Estatutos de Autonomía, contuvieron la marea de las reivindicaciones obreras más radicales y aislaron a partidos como el nuestro.

Luego, 13 años del felipismo liquidaron a casi todos los demás partidos de la extrema izquierda. No acabaron con el POR, pero le sometieron a una dura prueba.

La situación se vuelve otra vez favorable para la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora. La vanguardia más militante se ha separado con indignación del socialismo burgués, del felipismo. La nueva generación, la que trabaja en las condiciones del contrato-basura, del prestamismo y la precariedad, de la supresión de derechos obreros, se incorpora a la lucha y aporta nuevas fuerzas, nuevas ideas, nuevo entusiasmo y ganas de aprender del pasado y de afrontar el futuro con ambición. Esta juventud es la que puede llevar al éxito un nuevo partido revolucionario, y volver a dar confianza y ánimo a los mejores y más veteranos luchadores.

Las actividades de nuestro partido son las comunes al movimiento obrero, juvenil y ciudadano. Participamos en las elecciones; a veces con nuestras propias candidaturas de propaganda, que hablan claro; a veces ayudando a otros partidos de izquierda, menos consecuentes pero con más posibilidades de voto, a ganar posiciones en los parlamentos y ayuntamientos.

Nuestros afiliados son también activos en los sindicatos obreros, para ayudar a organizar el movimiento de huelgas y de reivindicaciones, y para luchar, desde dentro, contra los jefes aburguesados y el espíritu conciliador y de desánimo, que dominan en ellos.

Entre los estudiantes, en los barrios, o en todas partes donde estamos, nos integramos a las asociaciones unitarias que existen para luchar. Nuestros afiliados, siguiendo la tradición comunista, se reúnen en pequeñas agrupaciones para mejorar su comprensión de las tareas y de los objetivos revolucionarios, planificar el trabajo a hacer en el sindicato, el vecindario, la empresa o el centro de estudios, de manera colectiva, en equipo, y para hacer en todas partes una buena propaganda de las ideas revolucionarias y organizar de la manera más eficaz las movilizaciones populares.

En el Programa del POR se resumen nuestras ideas y nuestros objetivos. El primer capítulo expone nuestra ideología: cómo vemos la sociedad en la que vivimos y cómo queremos transformarla de raíz.

El segundo capítulo expone las medidas prácticas que creemos más urgentes y necesarias, aquéllas por las que debemos luchar hoy con más firmeza.

Su tercera parte expone la línea de conducta que sigue nuestro partido con los otros partidos obreros o de izquierda, con los sindicatos y con los grupos de revolucionarios afines al nuestro.

Después vienen los Estatutos, donde se explica la forma en que nos organizamos y constan los derechos y deberes de nuestros afiliados.

Y al final explicamos cómo afiliarse y cómo contribuir al triunfo de nuestros objetivos.






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