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PROGRAMA
DEL
PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO
Unidad Internacional de los Trabajadores (Cuarta
Internacional)
1997
I. Nuestro objectivo: el comunismo
Ia. La situación de los trabajadores
Ib. La revolución socialista
Ic. Imperialismo, socialimperialismo
y estalinismo
Id. Las perspectivas del socialismo
II. República, socialismo y autodeterminación
IIa. El Partido Obrero Revolucionario
defensa los intereses obreros
IIb. La protección social de la población
trabajadora
IIc. La democrácia más
consecuente
IId. La libertad nacional
IIe. El Partido Obrero Revolucionario
lucha contra el atraso del campo
IIg.Los derechos de la juventud
IIh. El derecho a la educación
IIi. La política internacional de los
trabajadores
III. Nuestro partido y el movimento obrero
IIIa. El Partido Obrero Revolucionario
y los partidos obreros y populares
IIIb. El Partido Obrero Revolucionario
y los órganos de la democrácia obrera
IIIc. El Partido Obrero Revolucionario
y los sindicatos
IIId. El Partido Obrero Revolucionario
y los otros trotsquistas
I. NUESTRO OBJECTIVO: EL COMUNISMO
Con la plena integración de su economía al mercado europeo, la
sociedad española va organizándose de una manera completamente capitalista.
Sus particularidades, herencia de siglos de atraso y de años recientes
de relativo aislamiento, ceden ante las corrientes que agitan al
capitalismo internacional y ya dominan la vida nacional. Al mismo
tiempo, el atraso español y las lacras que arrastra del pasado,
hacen más duras las condiciones del capitalismo para el pueblo,
más inestable la sociedad burguesa, y empujan con más fuerza a los
trabajadores a enfrentarse al régimen de producción capitalista.
La situación de los trabajadores
Las privaciones, los abusos, la incultura, las injusticias que padece el pueblo
trabajador tienen su raíz en la división de la sociedad en clases
por el régimen capitalista de producción.
Una parte cada vez mayor de la maquinaria, los edificios, la tierra,
el transporte, el dinero (de todos los medios de producción) pertenece
a una minoría cada vez más reducida, más rica y poderosa: son los
capitalistas. Pueden mantener a muchísimos servidores privados y
públicos; dominan el Estado y disponen de sus instituciones, sus
fuerzas y sus propiedades públicas para proteger y ampliar sus negocios
privados.
La inmensa mayoría de la población no tiene ya otro recurso para
vivir que vender su fuerza de trabajo a esa clase capitalista, dejándose
explotar por ella y aumentando con sus fatigas y privaciones la
riqueza ilimitada de sus explotadores.
Constantemente crece la proporción social de hombres, mujeres y
jóvenes destinados sin apelación a formar esta clase explotada,
la de los proletarios, que sólo son dueños de la posibilidad y de
la necesidad de venderse como asalariados de otros.
Los pequeños productores independientes del campo, del comercio
o la pequeña industria, pierden fuerza con los progresos técnicos
asociados a la gran empresa. O se convierten en asalariados, o malviven
en el umbral de la miseria, o caen en la dependencia más o menos
despótica de los verdaderos capitalistas.
Las mujeres de las clases populares están también obligadas ya
por la necesidad a convertirse en asalariadas de los capitalistas.
Las condiciones de vida de la clase obrera se degradan a pesar
de que la productividad de su trabajo no deja de progresar con los
cambios técnicos que acompañan a la concentración capitalista. Por
muchas mejoras que los trabajadores arranquen en las épocas más
propicias, el abismo entre su clase y la de los ricos explotadores
se ahonda y se ahonda. La rapidez con la que el capital concentra
la producción mantiene en paro una masa de millones de brazos, que
hace a los obreros activos más esclavos de los propietarios capitalistas.
Muchos otros, sobre todo jóvenes, mujeres, inmigrados, soportan,
en la economía sumergida, una explotación que rebasa lo normal y
legal.
Aunque el capitalismo destruye las condiciones materiales de la
vida en familia, se desentiende cuanto puede de los ancianos, los
enfermos y los niños de las clases populares. El acceso a la educación,
la igualdad de oportunidades, las posibilidades de cultura, ocio
y consumo abiertas por la actual capacidad productiva del trabajo,
se vuelven frustraciones dadas las condiciones en que viven las
familias obreras bajo el capitalismo.
Ni en sus años prósperos la sociedad capitalista llega a atender
las necesidades más vitales de la mayoría obrera de la sociedad.
Pero en las recesiones, depresiones o crisis de la economía, la
competencia se endurece, arruina empresas, sectores y regiones,
empuja a los capitalistas a redoblar la explotación de sus trabajadores
y al Estado a reducir sus fabulosos déficits desmantelando la seguridad
social, los servicios públicos y las empresas estatales, con lo
que se extienden el paro, la miseria y la inseguridad a toda la
población modesta. En las crisis periódicas el capitalismo se concentra,
arruina y expropia a una parte de los propietarios, y restaura las
peores condiciones de explotación del trabajo, hundiendo los salarios,
ampliando el ejército de reserva de mano de obra en paro y liberando
a su Estado de compromisos sociales, para así recomenzar otra racha
de negocios prósperos.
Por eso los trabajadores luchan y lucharán contra el capitalismo,
se organizan para enfrentarse a él, y se levantarán una y otra vez
hasta ponerle fin.
Explotando a numerosas generaciones de trabajadores, esquilmando
la tierra y sometiendo a los pueblos, el capitalismo acumula hoy
enormes fuerzas de producción. Ha desarrollado la capacidad productiva
del trabajo hasta un punto que sitúa a la humanidad en el umbral
de una nueva época de desarrollo histórico en la que la miseria,
y la brutalidad que la acompaña, pueden ya desaparecer de la faz
de la tierra. Pero no se cruzará este umbral mientras esas fuerzas
productivas sigan siendo la propiedad privada de una minoría insignificante
de la sociedad. Reunidas en las pocas manos de una minoría privilegiada
y poderosísima de propietarios capitalistas, las fuerzas productivas
de la humanidad apenas pueden desarrollarse; pues lo hacen ampliando
ilimitadamente el abismo entre trabajadores y propietarios, trayendo
inseguridad, violencia y privaciones a la vida del pueblo, estancándose
a cada paso, convirtiéndose en fuerzas destructivas que desvían
cada vez más las capacidades de la naturaleza, del trabajo y de
la ciencia hacia fines parásitos, antisociales o incluso aniquiladores.
El capitalismo no sólo despierta la necesidad de pasar a un tipo
nuevo de sociedad, más solidaria y más libre, sino que también ha
creado las dos condiciones para lograrlo: una numerosa clase obrera
a quien la vida empuja a luchar colectivamente y a prepararse cada
vez mejor para la lucha; y un grado tal de socialización de la producción
(empresas donde trabajan miles, que producen para millones, planifican;
bancos que centralizan todas las cuentas de la sociedad, desde los
recibos domésticos hasta las altas finanzas; Estados que reúnen
una parte creciente de la actividad económica en nombre de la sociedad...)
que reclama y facilita la socialización de la propiedad con sólo
vencer la resistencia de la minoría parásita de los capitalistas
y sus servidores.
Vencer esa resistencia es la tarea de la revolución socialista,
el objetivo para el que deben organizarse los trabajadores y por
el que milita el Partido Obrero Revolucionario.
La revolución socialista
La sociedad por la que luchamos es el comunismo, en el sentido
que dieron a esta palabra Marx, Engels, Lenin y Trotsky, y que tuvo
para el movimiento obrero antes de la degeneración estalinista de
la Unión Soviética: una sociedad sin clases, que desterrará la explotación
de una parte de la sociedad por otra, la opresión de un parte de
la sociedad por otra, que tomará sin violencia de sus individuos
lo que den sus capacidades, que satisfará ampliamente sus necesidades,
y donde el gobierno de los hombres desaparecerá y será sustituido
por la mera administración colectiva del trabajo y de la riqueza
sociales.
Esta sociedad comunista costará el trabajo revolucionario de varias
generaciones y requerirá la cooperación de numerosos países, una
vez libres del capitalismo.
Esta sociedad comunista que los defensores del capital y
los de las burocracias estalinistas tachan de utopía irá surgiendo
de la sustitución progresiva y completa de la sociedad privada de
los medios de producción por su propiedad social, y del establecimiento
de una planificación colectiva de toda la actividad productiva.
La condición política imprescindible de esta revolución social
es que la clase trabajadora conquiste todo el poder necesario para
vencer la resistencia de los explotadores: un régimen revolucionario
transitorio de dictadura de la mayoría explotada sobre la minoría
explotadora. Las principales características de este régimen transitorio
serán: la abolición de la policía y del ejército permanente y su
sustitución por la vigilancia del pueblo en armas; la abolición
de la burocracia y su sustitución por funcionarios elegidos, revocables,
y pagados como obreros; la abolición del parlamentarismo burgués
y su sustitución por una democracia proletaria que incorpore a la
mayoría de la población a la gestión de los asuntos públicos.
La principal función del Partido Obrero Revolucionario a la que
subordina todas las demás, es organizar a la clase obrera y prepararla
para esta revolución socialista.
Imperialismo, socialimperialismo y estalinismo
El capitalismo del siglo XX es un capitalismo imperialista, es decir en el
que predominan los grandes grupos monopolistas, el capital financiero,
la exportación mundial de capitales, en el que el Estado burgués
se ha fusionado estrechamente con el capital monopolista y en el
que los mercados, las zonas de influencia y los países débiles son
objeto de continuos repartos entre una decena de grandes potencias
y entre unos centenares de grupos empresariales.
El imperialismo es la última etapa de desarrollo capitalista, pues
la socialización y la internacionalización de la producción, mediante
los monopolios y su fusión con el Estado, llegan al punto más elevado
que pueden alcanzar bajo la propiedad privada, y tensan al máximo
todas las contradicciones del régimen de producción capitalista.
El imperialismo agudiza la opresión de unos pueblos por otros,
provoca guerras de rapiña, extiende el hambre en el mundo, destruye
los recursos naturales, fomenta el militarismo, el racismo y el
fascismo, la decadencia de la democracia burguesa, y por dos veces
ya ha arrojado a la humanidad a carnicerías mundiales. Es la época
de la decadencia y parasitismo del régimen capitalista. Pero, al
poner juntos la permanente y frustrante necesidad de los obreros
y la potencia de los medios físicos, técnicos y científicos que
monopolizan los ricos, la chispa revolucionaria tiene obligatoriamente
que saltar, hoy aquí, mañana allí, si no cada diez años, cada veinte.
El imperialismo es la época de la revolución socialista.
Desde el triunfo de los obreros rusos en 1917, la historia del
siglo XX es efectivamente la de la transición del capitalismo imperialista
al socialismo comunista. Las derrotas han sido muchas; las desviaciones
también. Épocas de avance al socialismo, de éxitos de la libertad
de los pueblos, se han alternado con épocas contrarrevolucionarias.
Las dificultades fueron y serán todavía enormes, pero la época histórica
que comenzó en 1917, con la primera victoria de la revolución socialista,
concluirá inevitablemente con el triunfo total y mundial del socialismo.
No es cierto que el socialismo haya fracasado en la antigua URSS,
en Europa del Este, China o Cuba. En estos países la revolución
dio el primer paso hacia el socialismo al expropiar a la clase capitalista
y al establecer la propiedad estatal de los principales medios de
producción. Pero la burocracia surgida del atraso y el aislamiento
de Rusia, envileció estas primeras conquistas para defender sus
intereses parásitos, aplastando la democracia obrera y levantando
sus dictaduras totalitarias.
La bancarrota de estos regímenes ha demostrado que el socialismo
sólo podrá desarrollarse bajo el poder político de los propios trabajadores
democráticamente organizados, que asegure la más amplia libertad
al pueblo y a las naciones y ponga en manos de los trabajadores
la planificación de la economía.
De todas las contradicciones y dificultades de esta época de transición,
la más grave es la corrupción burguesa del movimiento obrero y del
socialismo por el capitalismo imperialista. Esa corrupción consiste
en la transformación de los socialistas, de los laboristas y de
los dirigentes sindicales en socialimperialistas, es decir en socialistas
de palabra que trabajan de hecho para los intereses del gran capital.
La base de esta corrupción son las ventajas pequeñoburguesas que
una reducida parte del movimiento obrero puede recibir como pago
de su colaboración con las potencias imperialistas, con el Estado
burgués o con las grandes empresas capitalistas, en la opresión
de otros pueblos o de la mayoría de los trabajadores.
El estalinismo es también una corrupción burguesa del socialismo,
producto de esta época imperialista de transición del capitalismo
al comunismo. En las condiciones de atraso y aislamiento de la Unión
Soviética de los años veinte, la burocracia estatal se enfrentó
y acabó aplastando a la democracia obrera y al propio partido revolucionario;
y se erigió en una casta privilegiada cada vez más hostil al socialismo,
más nociva y parásita para la construcción del socialismo, y más
inclinada a unirse a la burguesía mundial y a restaurar el capitalismo
en todos los Estados donde había sido expropiado.
Para triunfar sobre el capitalismo, la clase obrera necesita un
partido independiente separado de las otras clases sociales, donde
los hombres y mujeres de cualquier origen social ingresarán en la
medida que asuman como propios los objetivos comunistas de la clase
obrera. Pero también debe ser un partido independiente de la aristocracia
obrera socialimperialista, apalancada en las instituciones del Estado
burgués, e independiente de las burocracias totalitarias nacidas
de la degeneración estalinista del comunismo.
Construir ese partido, atraer a él y organizar en él a todos los
obreros avanzados y a sus partidarios en todo el pueblo: tal es
la meta de los trotsquistas. Para ello fundaron en 1938 La Cuarta
Internacional, encargada de defender y propagar el marxismo revolucionario
después de las traiciones de la socialdemocracia y del estalinismo.
El Partido Obrero Revolucionario forma parte del movimiento trotsquista
y lucha por la reconstrucción de la Cuarta Internacional como un
partido mundial de la revolución socialista.
Las perspectivas del socialismo
La crisis del actual orden internacional, sacudido por el hundimiento de los
regímenes estalinistas, por un avance acelerado de la concentración
de la producción en manos de un puñado de grandes grupos capitalistas
en feroz competencia, por la resistencia de los trabajadores a la
explotación capitalista y la liquidación de las primeras conquistas
socialistas, por la lucha de los pueblos sometidos por su emancipación
nacional y por el hundimiento de una gran parte del globo en el
hambre y la miseria más absolutas, es la antesala de una nueva época
revolucionaria.
Tras la segunda gran guerra imperialista la expropiación de la
burguesía capitalista se extendió a un tercio de la tierra, la mayoría
de las antiguas colonias conquistaron su independencia política,
y el movimiento obrero en los países capitalistas hizo valer su
fuerza en la lucha diaria contra la explotación capitalista. Pero
el orden internacional se apoyaba en la hegemonía indiscutible del
imperialismo norteamericano, en el endeudamiento a él de los principales
Estados capitalistas y en la capacidad de transmitir una presión
paralizadora sobre el movimiento de la clase obrera y de los pueblos
oprimidos a través de la burocracia estalinista y de la socialdemocracia
imperialista.
En este marco se desarrolló una inmensa concentración monopolista
del capital, que progresivamente y de manera cada vez más acelerada
desde la crisis de los años setenta, tiende a chocar con las condiciones
políticas de ese orden internacional: las fronteras nacionales,
el papel regulador del Estado capitalista en la economía, la protección
social en los países capitalistas, las conquistas socialistas en
los Estados obreros degenerados o deformados
Este desarrollo
de la concentración internacional del capital, dominado por la competencia
feroz de los grandes grupos monopolistas, entre ellos y contra los
capitalistas más débiles, el capitalismo de Estado y los capitalismos
nacionales de segundo y tercer orden, lo que se ha dado en llamar
globalización o mundialización, mina las bases de todo el anterior
orden internacional y dentro de cada país, anunciando un período
de grandes enfrentamientos entre las clases.
El neoliberalismo, la política capitalista que acompaña a este
proceso, intentando barrer todos los obstáculos que encuentra la
explotación capitalista del trabajo, y la circulación de los capitales
y mercancías de los grandes monopolios, tratando de liquidar legislaciones
sociales, barreras arancelarias, y conquistas de los trabajadores
y los pueblos más débiles, levantan la resistencia creciente de
todos los oprimidos. Una resistencia que sólo la clase obrera en
nombre de la revolución socialista puede abanderar para expropiar
a los capitalistas y reorganizar la sociedad en torno a la producción
colectiva.
En los Estados obreros degenerados y deformados, y en particular
en Rusia y la antigua Unión Soviética, la caída de los regímenes
totalitarios de la burocracia, ha empujado a ésta con mayor motivo
a tratar de asentar su posición dominante y privilegiada en la sociedad
sobre la base de restauración de la propiedad capitalista. Pero
este proceso en curso de acumulación capitalista apoyado en la expropiación
privada de la propiedad estatal de los medios de producción, en
beneficio de la casta burocrática y de sus aliados imperialistas,
no sólo choca con la resistencia objetiva de los trabajadores, sino
que ahonda la crisis, el desorden y el caos de la producción y la
economía, de toda la vida social y política, y anuncia asimismo
nuevas y grandes luchas de clases que pondrán al día la regeneración,
mediante una revolución política, de las conquistas socialistas,
envilecidas y amenazadas por la burocracia.
II. REPÚBLICA, SOCIALISMO I AUTODETERMINACIÓN
La plena incorporación de la sociedad española al mercado europeo dominado
por los grandes monopolios ha precipitado una serie de transformaciones
capitalistas en su interior: la población rural ha confirmado su
retroceso, particularmente a costa de sus capas no asalariadas de
aparceros y pequeños propietarios; la mujer de las clases trabajadoras
se ha incorporado masivamente a la producción, los pequeños negocios
capitalistas han sido desplazados por los monopolios y éstos se
han hecho también con el control de amplios sectores de la gran
industria antes dominada por la burocracia franquista y las familias
tradicionales de grandes propietarios rentistas. Estas transformaciones
han agravado la subordinación de la economía al dictado de los grandes
monopolios extranjeros, pero al mismo tiempo, al hacer madurar las
condiciones para la lucha de los trabajadores por el socialismo,
han acercado entre sí la revolución obrera en el Estado español
y la revolución en los principales países europeos.
Al mismo tiempo, la presión de la lucha de los trabajadores y de
las naciones oprimidas ha conducido a ciertas reformas en el régimen.
Pero, al no haber logrado todavía transformaciones democráticas
suficientemente enérgicas en el Estado, esas reformas sólo han desplazado
a parte de los sectores más reaccionarios de la oligarquía española
en beneficio de los agentes comisionistas de los grandes monopolios,
han reforzado el peso relativo de las burguesías catalana y vasca,
y de las clases medias asociadas a los sectores más aburguesados
del movimiento obrero.
Realizadas de un modo burocrático e imperialista, esas reformas
no han permitido una mejora sustancial de las condiciones de vida
y los derechos y libertades de la mayoría del pueblo , que sólo
podrá lograr una lucha democrática decidida por la República y la
autodeterminación nacional. Pero la batalla por estos objetivos
democráticos está ahora más directamente ligada a la batalla por
el socialismo.
El Partido Obrero Revolucionario defensa los
intereses obreros
Para defender a los trabajadores de la explotación capitalista, y de las consecuencias
de la competencia y de la crisis, el Partido Obrero Revolucionario
propone:
· La escala móvil de salarios y un salario mínimo vital, con revisiones
automáticas y frecuentes que protejan a los trabajadores frente
al crecimiento de los precios.
· La semana laboral de 35 horas y la prohibición de las horas extras,
para frenar el crecimiento del ejército de parados.
· El carácter indefinido de todos los contratos de trabajo una
vez cumplido el período de prueba, para erradicar el empleo precario.
Para hacer frente a las fuentes más inmediatas de la carestía y
el paro, facilitar los medios con los que la sociedad puede animar
el desarrollo económico y sentar ciertas bases fundamentales para
la planificación socialista de la economía, el Partido Obrero Revolucionario
propone:
· La nacionalización y unificación de la banca, que erradique la
usura, canalice con créditos baratos el ahorro social a los sectores
que lo precisen y facilite las tareas de contabilidad de la sociedad.
· La defensa del sector público de la economía y su potenciación
como una avanzada de la economía planificada.
· La planificación de obras y trabajos públicos, que actúen como
medidas de choque contra el paro y movilicen el trabajo disponible
para atender a las necesidades más urgentes del pueblo.
· La nacionalización de las mayores empresas, eliminando los superbeneficios
de los monopolios y utilizándolos al servicio del desarrollo del
conjunto de la economía.
· La reducción drástica de los gastos de administración, orden
público y defensa, erradicando los gastos suntuarios, persiguiendo
la corrupción y limitando al mínimo necesario el aparato de funcionarios.
· La supresión de todos los impuestos indirectos que encarecen
la vida del pueblo, y la implantación de un sistema fiscal único
y progresivo sobre la renta, el patrimonio y la herencia.
· La expropiación de las empresas en crisis o amenazadas de liquidación
por los capitalistas, integrándolas al sector público y reorganizándolas
de acuerdo con sus trabajadores.
Para defender las condiciones de trabajo, el empleo y la producción
frente a la rapiña de los capitalistas, frenar el despotismo patronal
y preparar a los obreros para la gestión socialista del conjunto
de la economía, el Partido Obrero Revolucionario propone:
· El control obrero sobre la gestión de las empresas del sector
público.
· El control obrero en todos los sectores sobre la seguridad, la
higiene, los ritmos de trabajo y la contratación.
La protección social de la población trabajadora
A fin de asegurar la protección social de toda la población trabajadora, el
Partido Obrero Revolucionario propone:
· Un subsidio indefinido para todos los trabajadores en paro.
· Pensiones de jubilación e invalidez regidas por la misma escala
móvil que los salarios, con garantía también de un mínimo vital.
· Gestión del sistema de Seguridad Social, los fondos de pensiones
y los planes de empleo y formación profesional, por los sindicatos
obreros.
· Sistema único, público y gratuito de Salud, apoyado en la nacionalización
de los grandes hospitales, mutuas sanitarias e industrias farmacéuticas,
y gestionado por los municipios.
· Nacionalización del suelo urbano y planes municipales de vivienda,
a fin de acabar con la especulación, congelar los alquileres y asegurar
una vivienda digna a toda la población trabajadora.
La democrácia más consecuente
Con el fin de barrer todos los obstáculos que los capitalistas y todas las
viejas clases dominantes oponen a la liberación de la clase obrera,
extender todo lo posible los derechos y libertades y despejar así
el camino hacia el socialismo y el poder de la mayoría trabajadora,
el Partido Obrero Revolucionario lucha por:
· La defensa de las plenas libertades democráticas de expresión,
reunión, asociación, manifestación y huelga, y de los derechos de
objeción de conciencia e inviolabilidad del domicilio y la intimidad
de los ciudadanos.
· La derogación de todas las leyes (Seguridad ciudadana, Extranjería...)
y artículos del Código Penal que restringen los derechos y libertades.
· La completa separación entre la Iglesia y el Estado, suprimiendo
la financiación pública y todos los privilegios de la Iglesia.
· La máxima democratización en el acceso a los medios públicos
de comunicación, y la completa libertad de información para los
trabajadores de los medios tanto públicos como privados.
· La abolición de la Monarquía y la proclamación de la República,
objetivos que concentran toda la lucha por las libertades.
Para que la República sea realmente lo más democrática posible,
el Partido Obrero Revolucionario propone:
· El pleno ejercicio del poder por los representantes del pueblo,
elegibles y revocables en cualquier momento por los ciudadanos.
· La supresión del ejército permanente, profesional y acuartelado,
y su sustitución por el armamento del pueblo orientado a la autodefensa
territorial, de manera que los ciudadanos movilizados conserven
todos sus derechos civiles y elijan democráticamente a los mandos.
· La elección de los jueces y la constitución de jurados de ciudadanos.
· La entrega del orden público a los municipios, con mandos elegidos
por el pueblo.
· La prohibición de los gastos de representación y de toda clase
de privilegio para los cargos públicos, y su retribución con un
salario que no exceda al de los trabajadores más cualificados.
· La completa subordinación de los funcionarios a los cargos elegidos
por el pueblo.
· La plena autonomía de los órganos de poder regional y local,
que implica la desaparición de toda autoridad designada por el poder
central.
La libertad nacional
El Partido Obrero Revolucionario es partidario de la unión libre entre los
pueblos para colaborar en la construcción del socialismo, administrando
en común las principales fuerzas productivas en beneficio de cada
uno de ellos.
El Partido Obrero Revolucionario condena toda forma de opresión
de una nación sobre otra y en particular la opresión de España sobre
las naciones vasca, catalana, gallega y canaria, lo mismo que toda
forma de discriminación de las minorías, como la obligatoriedad
de la lengua española y la privación de derechos a los inmigrantes.
· Para dar libre expresión a los intereses de las clases dentro
de cada nación y barrer esos obstáculos a la unidad de la clase
obrera en la lucha por el socialismo, el Partido Obrero Revolucionario
lucha por:
· El derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas,
es decir, el derecho a constituir su propio Estado y establecer
libremente y en un plano de igualdad las relaciones con los otros
pueblos.
· El derecho de cada ciudadano al uso de su lengua materna y la
abolición de la oficialidad de cualquier lengua.
· La igualdad de derechos, es decir la plena ciudadanía, para los
inmigrantes.
Sobre estas bases, con repúblicas libremente constituidas en las
naciones del actual Estado español, los trabajadores podrán animar
las relaciones de solidaridad y cooperación más estrechas entre
los pueblos.
El Partido Obrero Revolucionario lucha contra
el atraso del campo
A fin de afrontar el atraso del campo y la miseria de amplias capas de su población,
eliminando las principales barreras que se oponen al desarrollo
de la producción y de la lucha de clases, el Partido Obrero Revolucionario
propone:
· La nacionalización de la tierra y la entrega de su gestión a
los órganos democráticos de los campesinos de cada lugar.
· La expropiación de las grandes propiedades agrarias y la entrega
de su explotación a los campesinos, animándoles, allí donde la dimensión
y las formas de la producción y la organización del proletariado
agrícola lo permitan, a explotarlas colectivamente con la ayuda
de la banca y la industria públicas, y los mejores medios técnicos.
· La supresión de los sistemas de subsidio agrario basados en las
peonadas, que encadenan los jornaleros a los propietarios terratenientes,
incorporando a los obreros del campo al régimen general de subsidio
indefinido.
Sobre estas bases, la organización clasista de los obreros del
campo y el desarrollo de su lucha deberán conducir a una completa
revolución socialista en el campo, que el Partido Obrero Revolucionario
señala como el único medio de acabar con toda forma de explotación
del trabajo e incorporar el campo al progreso general de la sociedad.
La emancipación de la mujer
El partido Obrero Revolucionario lucha contra toda forma de discriminación
y sobreexplotación de los jóvenes, y por sus derechos democráticos:
· Derecho a la objeción de conciencia, sin penalización ni prestación
sustitutoria.
· Legalización de las drogas. Distribución y control sanitario
bajo monopolio del Estado. Confiscación de los bienes de los narcotraficantes.
Asistencia a los drogodependientes a cargo de la Seguridad Social.
· Autodeterminación sexual. Acceso gratuito a los métodos anticonceptivos.
¡Fuera la tutela del Estado sobre la vida de los jóvenes!
· Irresponsabilidad penal hasta la mayoría de edad.
· Supresión de los contratos en precario (de aprendizaje, en prácticas
o subcontratados) que se utilizan para sobreexplotar a los jóvenes;
a igual trabajo, igual salario.
· La prohibición de todo tipo de explotación del trabajo de los
menores, incluso bajo la forma de prácticas de formación.
Los derechos de la juventud
El Partit Obrer Revolucionari lluita contra qualsevol forma de discriminació i de
sobreexplotació dels joves, i pels seus drets democràtics:
· Dret a l'objecció de consciència sense penalització ni prestació social
substitutòria.
· Legalització de les drogues. Distribució i control sanitari sota monopoli de
l'Estat. Confiscació dels béns dels narcotraficants. Assistència als drogodependents a
càrrec de la Seguretat Social.
· Autodeterminació sexual. Accés gratuït als mètodes anticonceptius. Fora la
tutel·la de l'Estat sobre la vida de la joventut!
· Irresponsabilitat penal fins a la majoria d'edat.
· Supressió dels contractes precaris (d'aprenentatge, en pràctiques o
subcontractacions), que s'utilitzen per sobreexplotar els joves; a igual treball, igual
salari.
· Prohibició de qualsevol tipus d'explotació del treball dels menors, fins i tot
sota la forma de pràctiques de formació.
El derecho a la educación
El Partido Obrero Revolucionario defiende el derecho a la educación y el continuo
progreso cultural de las clases trabajadoras, luchando por:
· Una enseñanza laica, que prohíba la educación religiosa en la
escuela, y garantice a los maestros la libertad de enseñanza.
· Una enseñanza pública, comenzando por eliminar todas las subvenciones
a las escuelas privadas.
· Una enseñanza obligatoria y gratuita desde los tres años hasta
la mayoría de edad, con comedores, transporte, libros de texto y
material escolar a cargo del Estado.
· Una enseñanza que contribuya a la recuperación de las lenguas
largamente oprimidas por el Estado español.
· Un sistema único que excluya la diferenciación clasista entre
enseñanza profesional y enseñanza preuniversitaria y universitaria.
· La entrega de la gestión del sistema educativo a los municipios,
y elección por los ciudadanos de los directores de los centros escolares.
La política internacional de los trabajadores
El Partido Obrero Revolucionario lucha por los Estados Unidos Socialistas de
Europa, convencido de que sólo la cooperación socialista internacional,
basada en la conquista del poder por los trabajadores en un país
tras otro, confirmará la victoria de nuestro programa y hará posible
la realización del comunismo.
En nombre de este objetivo, el Partido Obrero Revolucionario propone
la ruptura con los acuerdos capitalistas de unidad europea (Maastricht...),
dictados por un puñado de grandes monopolios imperialistas, que
en beneficio de sus planes de competencia mundial pretenden agravar
la explotación de los trabajadores, arruinar sectores productivos,
regiones y países enteros, reforzar la opresión de las naciones
sometidas y concentrar los dispositivos esenciales del poder en
manos de una burocracia ajena a todo control de los pueblos y fácilmente
manejable por los monopolios.
El Partido Obrero Revolucionario propone también la ruptura con
los pactos militares imperialistas de la OTAN y la UEO, instrumentos
en crisis de la vieja política de amenaza militar sobre los Estados
obreros, que las principales potencias imperialistas pretenden mantener
como armas para la defensa de su orden internacional y su política
de reparto de los mercados y las áreas de influencia.
Ante todo conflicto internacional, el Partido Obrero Revolucionario
rechaza el arbitraje de la ONU y la Conferencia para la Seguridad
y la Cooperación en Europa, instituciones dominadas por las potencias
imperialistas, que utilizan el llamado derecho internacional en
beneficio de sus políticas de rapiña. Nuestro partido llama a los
trabajadores a tomar su propia posición en cada conflicto en función
del carácter de clase de las fuerzas enfrentadas, defendiendo las
conquistas socialistas frente a las amenazas capitalistas, a las
clases trabajadoras frente a las propietarias y a las naciones oprimidas
frente a las opresoras.
El POR apoya la lucha y las exigencias de los pueblos y los gobiernos
de los países sometidos al expolio imperialista de los capitalistas
españoles y en particular defiende la condonación de su deuda externa
y la nacionalización de las empresas propiedad de los monopolios
y bancos españoles.
El Partido Obrero Revolucionario reconoce la territorialidad marroquí
de Ceuta y Melilla (igual que la territorialidad española de Gibraltar),
al mismo tiempo que defiende el derecho a la autodeterminación de
sus poblaciones autóctonas.
III. NUESTRO PARTIDO Y EL MOVIMENTO OBRERO
Para llevar adelante la lucha por el programa socialista, la clase obrera necesita
organizarse en un partido completamente independiente de los de
las demás clases, que exprese sus intereses generales, que le permita
intervenir en la lucha política entre las clases, ganarse la confianza
del pueblo oprimido, y plantearse la lucha por el poder.
Los viejos partidos que construyó la clase obrera y todavía conservan
el nombre del «socialistas» o «comunistas» representan hoy los intereses
de la capa superior de los asalariados, de vida y mentalidad pequeñoburguesas.
El apartado socialdemócrata, ligado desde la Primera guerra mundial
con el gran capital imperialista, se ha instalado en las instituciones
del Estado capitalista, se ha corrompido y ha abierto sus filas
a carreristas sin escrúpulos, convirtiendo de hecho a este partido
en una maquinaria parlamentaria al servicio de los capitalistas.
El aparato de los partidos «comunistas», formado bajo la tutela
material y política de la burocracia rusa, sobrevive siguiendo los
pasos de los reformistas y extrayendo ventajas materiales de su
adhesión al orden burgués.
Estos partidos son irrecuperables para la lucha por el programa
socialista, que sólo podrá avanzar agrupando a lo mejor de los trabajadores,
a los más conscientes y entregados a la causa de la clase obrera
y del socialismo, en un partido auténticamente obrero y revolucionario.
El Partido Obrero Revolucionario y los partidos
obreros y populares
El movimiento obrero y popular se encuentra organizado en diferentes partidos,
desde los más entregados al servicio de los capitalistas, hasta
los que con mayor o menor consecuencia expresan los intereses del
pueblo.
El Partido Obrero Revolucionario lucha pacientemente por conquistar
la confianza de la mayoría de la clase obrera y de amplios sectores
del pueblo, agrupando a su vanguardia en torno al programa comunista,
pues la revolución obrera y socialista sólo podrá ser la obra de
los propios trabajadores.
En la medida en que otros partidos conserven influencia y apoyo
de masas entre los trabajadores y el pueblo, el Partido Obrero Revolucionario
propugna el frente único de las organizaciones como un vehículo
de la más amplia movilización de las masas.
Conservando su más completa independencia, el Partido Obrero Revolucionario
anima incluso a los trabajadores que mantienen su confianza en otras
direcciones a exigirles cualquier paso adelante que favorezca la
movilización del pueblo contra los capitalistas y su Estado.
El Partido Obrero Revolucionario y los órganos
de la democrácia obrera
El Partido Obrero Revolucionario anima en todas las luchas de los trabajadores
la puesta en pie de los órganos de la democracia obrera, que incorporen
al grueso de los trabajadores a la organización de su propia lucha:
las asambleas, los comités elegidos y revocables, los piquetes de
huelga y de autodefensa de las acciones de los trabajadores y el
pueblo
El Partido Obrero Revolucionario ve en estos órganos de la democracia
obrera, y más allá de su papel en las luchas actuales de los trabajadores,
las bases más firmes, democráticas y de clase sobre las que se asentará
el poder de los trabajadores para la construcción del socialismo.
El Partido Obrero Revolucionario y los sindicatos
El Partido Obrero Revolucionario reconoce en los sindicatos obreros un instrumento
irrenunciable en toda la lucha de la clase hasta su emancipación,
que organiza a los trabajadores para la defensa de sus intereses
más inmediatos. En esta medida, los sindicatos son una escuela de
comunismo y por lo tanto un terreno irrenunciable para la construcción
del partido revolucionario de la clase.
A fin de que la clase obrera pueda efectivamente utilizar los sindicatos
como instrumentos de su movilización contra el capital, el Partido
Obrero Revolucionario lucha:
· Por la independencia de los sindicatos respecto a la patronal
y su Estado: defendiendo la libre negociación colectiva contra las
leyes que la coartan, las magistraturas de trabajo y las instituciones
de arbitraje obligatorio o dominadas por los capitalistas; combatiendo
la colaboración de clases y la participación de los sindicatos en
los consejos económicos y sociales del Estado capitalista; y rechazando
las subvenciones del Estado a los sindicatos y todas las ventajas
para los funcionarios y representantes sindicales que sean en realidad
privilegios no controlables por los propios trabajadores.
· Por la democracia interna en los sindicatos: defendiendo la libre
expresión de sus tendencias y la elección y revocación directas
de los órganos del sindicato por los afiliados; y combatiendo por
someter los delegados y comités de empresa al control de las secciones
sindicales y las asambleas de trabajadores.
· Por la unidad de los sindicatos: defendiendo los acuerdos de
frente único a todos los niveles que faciliten la más amplia movilización
contra el capital; y proponiendo en cada movilización la elección
por las asambleas de trabajadores de comités de huelga que agrupen
al conjunto de sindicatos de clase.
El Partido Obrero Revolucionario y los otros
trotsquistas
El Partido Obrero Revolucionario se considera, junto a otros grupos de diferentes
países agrupados en la Unidad Internacional de los trabajadores
(Cuarta Internacional) como una tendencia de un único partido mundial,
fundado en 1938 para unir a los más firmes luchadores por la construcción
de un partido de la clase independiente de la burguesía y de las
viejas direcciones aburguesadas del movimiento obrero. Este partido
mundial, la Cuarta Internacional, se encuentra hoy dividido en diferentes
grupos trotsquistas enfrentados entre sí, como resultado de una
larga crisis en los años de mayor Influencia del estalinismo sobre
el proletariado.
En el marco de la lucha por la reconstrucción de la Cuarta Internacional,
el Partido Obrero Revolucionario combate por la mayor unidad orgánica,
en torno a la defensa del programa comunista, entre las diferentes
fuerzas trotsquistas. Por ello, es partidario de las relaciones
más fraternales con los demás partidos y organizaciones trotsquistas
y les propone sistemáticamente la mayor unidad en la acción y la
discusión paciente de todas los desacuerdos que persisten después
de una larga etapa de división.
Al mismo tiempo, la construcción del Partido Obrero Revolucionario
debe estar siempre abierta a la incorporación, en torno al programa
del socialismo, de otras corrientes revolucionarias o semirrevolucionarias
que, más allá de las filas del trotsquismo, expresan en cada etapa
de la lucha de los trabajadores y el pueblo, los esfuerzos de sus
mejores elementos por organizarse independientemente de los partidos
burgueses y aburguesados para la lucha por los intereses de la clase
obrera.
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