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La revolución del 19 de julio


Felix Morrow

El proletariado de Barcelona impidió la capitulación de la república ante los fascistas. El 19 de julio, con las manos prácticamente vacías, tomaron al asalto los primeros cuarteles con éxito. A las dos de la tarde del día siguiente eran los dueños de Barcelona.

No fue accidental que el honor de empezar la lucha armada contra el fascismo perteneciera al proletariado barcelonés. Barcelona, con el puerto marítimo y el centro industrial más importantes de España, rodeado de las ciudades industriales catalanas, concentraba la mitad del proletariado español, por eso Barcelona ha sido siempre la avanzada revolucionaria. El reformismo parlamentario de la UGT, dirigida por los socialistas, no ha tenido nunca aquí un asiento firme. La unión de partidos socialista y estalinista (PSUC) tenía menos miembros el 19 de julio que el POUM. Los obreros estaban casi todos organizados en la CNT, cuyo sufrimiento y persecución bajo la monarquía y la república había introducido en las masas una tradición militante anticapitalista, aunque la filosofía anarquista no les daba una dirección sistemática. Pero antes de que esta teoría se revelara trágicamente inadecuada, la CNT alcanzó niveles históricos en su victoriosa lucha contra las fuerzas del general Goded.

Como en Madrid, el gobierno catalán se negó a armar a los obreros. Los emisarios de la CNT y el POUM, al pedir armas, fueron informados sonrientemente que podían recoger las que dejaban caer los guardias de asalto heridos.

Pero los obreros de la CNT y el POUM, durante la tarde del 18, recorrieron tiendas de deportes buscando rifles, tajos de la construcción buscando dinamita, casas fascistas buscando armas ocultas. Con la ayuda de unos cuantos simpatizantes en la Guardia de Asalto, se hicieron con unos cuantos armarios de rifles del gobierno. (Los obreros revolucionarios hablan amontonado afanosamente unas cuantas escopetas y pistolas desde 1934.) Eso -y tantos vehículos como pudieron encontrar- era todo lo que los obreros tenían, cuando a las 5 de la mañana del 19 los oficiales fascistas empezaron a sacar destacamentos de los cuarteles.

Encuentros aislados ante las barricadas de piedras amontonadas llevaron a un encuentro general por la tarde. Y allí las armas políticas sobrepasaron al armamento militar fascista. Algunos obreros heroicos se adelantaban de las líneas para pedir a los soldados que se enteraran por qué estaban matando a sus compañeros los trabajadores. Caían bajo el rifle o la ametralladora, pero otros tomaban su sitio. Por aquí y por allá un soldado empezaba a disparar desviado. Pronto otros más intrépidos se volvían contra sus oficiales. Un genio militar anónimo -quizá muriera entonces- aprovechó el momento y las masas obreras le levantaron y se lanzaron adelante. Los primeros cuarteles fueron tomados. El general Goded, capturado por la tarde. Los obreros limpiaron Barcelona con las armas que sacaron de los arsenales. En unos cuantos días toda Cataluña estaba en sus manos.

Simultáneamente se movilizó el proletariado de Madrid. La izquierda socialista distribuyó las escasas armas que se hablan salvado de octubre de 1934. Se levantaron barricadas en las calles más importantes y alrededor del Cuartel de la Montaña. Grupos obreros buscaban a los dirigentes reaccionarios. Al anochecer del 19, las primeras patrullas obreras de milicias tomaban sus puestos. A medianoche se intercambiaron los primeros disparos en los cuarteles, pero hasta el día siguiente, cuando llegaron las grandes noticias de Barcelona, no se tomaron los cuarteles.

Valencia también fue recuperada pronto de los fascistas. Después que el gobernador, designado por Azaña, se hubiese negado a dar armas, los obreros se prepararon para hacer frente a las tropas con barricadas, piedras y cuchillos de cocina, hasta que sus camaradas de dentro de los cuarteles mataron a los oficiales y dieron las armas a los obreros.

Los mineros asturianos que hablan luchado en la comuna de octubre de 1934, equiparon una columna de 5.000 dinamiteros para marchar sobre Madrid. Llegaron el día 20, justamente cuando los cuarteles ya habían sido tomados, y se pusieron a hacer guardia en las calles.

En Málaga, puerto estratégico frente a Marruecos los ingeniosos obreros, desarmados al principio, habían abatido los cuarteles reaccionarios formando una pared de fuego, incendiando casas y barricadas con gasolina.

En una palabra, sin permiso del gobierno, el proletariado había empezado una guerra a muerte contra los fascistas. A la burguesía republicana se le había escapado la iniciativa de las manos.

La mayor parte del ejército estaba con los fascistas. Era necesario enfrentársele con otro ejército. Cada organización obrera se dedicó a organizar regimientos de milicias, equiparlos y mandarlos al frente. El gobierno no tenía contacto directo con las milicias obreras. Las organizaciones presentaban sus peticiones y sus nóminas al gobierno, quien entregaba los suministros y los fondos, que eran distribuidas por las organizaciones a las milicias. Los oficiales que quedaban en el campo republicano eran destinados como "técnicos" a las milicias, al lado de los oficiales obreros. Sus propuestas militares eran transmitidas a las milicias mediante los oficiales obreros. Las Guardias Civil y de Asalto, que todavía estaban adheridas al gobierno, desaparecieron pronto de las calles. En la atmósfera reinante, el gobierno se vio obligado a mandarlas al frente. Sus obligaciones policiales habían sido asumidas por la policía obrera y por las milicias.

Los marinos, tradicionalmente más radicales que los soldados salvaron una buena parte de la flota matando a sus oficiales. Comités de marinos, democráticamente elegidos, tornaron el control de la flota republicana y establecieron contacto con los comités obreros en la costa.

Comités de obreros armados tornaron los puestos de los oficiales de fronteras en las aduanas. Una cartilla sindical o un carnet rojo de partido era mejor que un pasaporte para entrar en el país. Pocos reaccionarios pudieron salir a través de los cordones obreros.

Las medidas revolucionarias obreras estaban acompañadas de medidas económicas revolucionarias contra el fascismo. Cómo es que sucedía esto, si las tareas históricas mundiales pedían únicamente "la defensa de la república", es algo que los demócratas-estalinistas todavía tienen que explicar.

Esto es verdad especialmente en Cataluña, donde desde el 19 de julio y en el plazo de una semana el transporte y la industria estaban completamente en las manos de los comités obreros de la CNT, o de los comités conjuntos de la CNT-UGT. Los comités sindicales tomaron el poder sistemáticamente, restableciendo el orden y acelerando la producción para satisfacer las necesidades del tiempo de guerra. El mismo proceso se extendió a Madrid, Valencia, Alicante, Almería y Málaga, alcanzando, en primer lugar, a las factorías y sucursales en estas provincias de las empresas establecidas en Barcelona, aunque en ninguna de estas capitales el proceso fue tan generalizado como en Cataluña. En las provincias vascas, sin embargo, donde la alta burguesía se había declarado a favor de la república democrática, ésta continuó siendo dueña de las fábricas. Un comité de la UGT-CNT se encargó de todo el transporte en España. Pronto delegaciones de las fábricas irían al extranjero a organizar las importaciones y exportaciones.

No hizo falta que se obligase a los campesinos a tomar la tierra. Venían intentándolo desde 1931, pero Casas Viejas, Castilloblanco, Yeste era nombres de pueblos famosos donde los campesinos habían sido masacrados por las tropas de Azaña porque se habían apoderado de la tierra. Ahora Azaña no podía detenerlos. Tan pronto como las noticias llegaron de las ciudades, los campesinos se lanzaron sobre la tierra. Las guadañas y las hachas se encargaron de todo oficial del gobierno o terrateniente republicano lo suficientemente imprudente como para interponerse en su camino. En muchos sitios, empapados de las ideas de los anarquistas y socialistas de izquierdas, los campesinos se organizaron directamente en explotaciones colectivas. Los comités campesinos se encargaron de alimentar a las milicias y las ciudades, dando o vendiendo directamente los alimentos a los comités de aprovisionamiento, columnas militares y sindicatos.

En todas partes las formas gubernamentales existentes y las organizaciones obreras demostraron ser inadecuadas como métodos de organización en la guerra y la revolución. Cada distrito, ciudad y pueblo creó su comité militar para armar a las masas e instruirlas. Los comités de fábrica de la CNT-UGT, dirigiendo a todos los obreros, incluyendo a los que no se hablan organizado antes, desarrollaron una actividad más amplia que las organizaciones sindicales existentes. La vieja administración municipal desapareció, generalmente, para ser reemplazada por los acordados comités que representaban a todos los partidos y sindicatos antifascistas. Pero los políticos de la Esquerra y la Izquierda Republicana aparecían raramente en ellos. Fueron reemplazados por obreros y campesinos que, aunque todavía adheridos a los partidos republicanos, seguían la dirección de los obreros más avanzados que estaban con ellos.

El Comité Central de las Milicias Antifascistas de Cataluña, organizado el 21 de julio, era el más importante de estos nuevos órganos de poder. De sus 15 miembros, cinco eran anarquistas, de la CNT y FAI, y ellos dominaban el Comité Central. La UGT tenía tres miembros, a pesar de su debilidad numérica en Cataluña, pero los anarquistas esperaban animar de esta manera la formación de comités similares en otras partes. El POUM tenía uno, la Unión Campesina (Rabassaires) uno y los estalinistas (PSUC) una también. Los partidos burgueses tenían en total cuatro.

A diferencia de un gobierno de coalición que en realidad descansa en la vieja maquinaria del estado, el Comité Central, dominado por los anarquistas, se apoyaba en las organizaciones obreras y las milicias. La Esquerra y las fuerzas más cercanas a ella -los estalinistas y la UGT- se limitaban a seguir de cerca de momento. Los decretos del Comité Central eran la única ley en Cataluña. Companys obedecía a los requisitos y demandas de dinero sin hacer preguntas. Empezó probablemente como el medio de organización de las milicias e inevitablemente tenía que tomar cada vez más funciones gubernamentales. Muy pronto organizaría un departamento de policía obrera; después, un departamento de abastecimientos, cuya palabra era ley en las fábricas y puertos de mar.

En esos meses en que el Comité Central existió, sus campañas militares iban paralelas a sus actos revolucionarios. Esto es evidente en la campaña de Aragón, en la que las milicias militares de Cataluña en cinco días conquistaron Aragón como un ejército de liberación social, Se organizaron comités, antifascistas en los pueblos, a los que se les entregaron las grandes haciendas, cosechas, abastecimientos, ganado, herramientas, etcétera, que pertenecían a los grandes terratenientes y reaccionarios. Inmediatamente el comité del pueblo organizaba la producción de una manera nueva, normalmente en colectividades, y creaba una milicia popular para llevar a cabo la socialización y lucha contra la reacción. Los reaccionarios capturados eran puestos ante la asamblea del pueblo para ser juzgados. Todos los títulos de propiedad, hipotecas y documentos de débito existentes en los registros oficiales fueron quemados en público. Después de haber transformado así la vida del pueblo, las columnas catalanas podían seguir adelante, seguras de saber que cada pueblo que dejaban atrás era una fortaleza de la revolución.

Los estalinistas han hecho mucha propaganda maliciosa con respecto a la supuesta debilidad de la actividad militar de los anarquistas. La apresurada formación de milicias, la organización de la industria de guerra, inevitablemente fueron descuidadas en manos no muy expertas. Pero en esos primeros meses, los anarquistas, apoyados por el POUM, compensaron sobradamente su inexperiencia militar con su amplia política social. En la guerra civil, la política es el arma determinante. Tomando la iniciativa, tomando las fábricas, animando al campesinado a tomar la tierra, las masas de la CNT aplastaron los cuarteles catalanes. Al marchar sobre Aragón como liberadores sociales, movieron al campesinado a paralizar la movilidad de las fuerzas fascistas. En los planes de los generales, Zaragoza, sede de la Academia Militar y quizá el mayor cuartel del ejército debería ser para el este de España lo que Burgos fue para el Oeste. En vez de eso, Zaragoza fue inmovilizada desde los primeros días.

Alrededor del Comité Central de las milicias se concentraba la multitud de comités de fábricas, pueblos, abastecimientos, comestibles, policía, etc., en forma de comités conjuntos de varias organizaciones antifascistas, ejerciendo en realidad mayor autoridad que la de sus constituyentes. Después de la primera marejada revolucionaria, los comités, sin lugar a dudas, revelaron su debilidad básica: estaban basados en un acuerdo mutuo entre las organizaciones en que reclutaban sus miembros, y después de las primeras semanas, la Esquerra, apoyada por los estalinistas, recobró sus ánimos y lanzó su programa. Los dirigentes de la CNT empezaron a hacer concesiones en detrimento de la revolución. De aquí en adelante, los comités solamente hubieran podido funcionar progresivamente si hubieran abandonado el método de acuerdo mutuo y adoptado el método de decisiones mayoritarias con delegados elegidos democráticamente en las milicias y en las fábricas.

Las regiones de Valencia y de Madrid también desarrollaron una serie de comités de milicias conjuntos antifascistas, patrullas obreras, comités de fábrica y comités de barrio para barrer a los reaccionarios de las ciudades y mandaron las milicias al frente.

Así, pues, paralelamente a los gobiernos oficiales de Madrid y Cataluña, habían aparecido órganos controlados fundamentalmente por los obreros, a través de los cuales las masas organizaban la lucha contra el fascismo. Principalmente, la lucha militar, económica y política se llevaba a cabo independientemente del gobierno y, a la larga, a pesar suyo.

¿Cómo hemos de caracterizar este tipo de régimen? Era esencialmente idéntico al que existía en Rusia de febrero a noviembre de 1917 -un régimen de doble poder-. El uno, el de Azaña y Companys, sin ejército, policía u otra forma armada propia era ya demasiado débil para desafiar la existencia del otro. El otro, el del proletariado armado, todavía no era lo suficientemente consciente de la necesidad de prescindir de la existencia del poder de Azaña y Companys. Este fenómeno de doble poder ha acompañado a todas las revoluciones proletarias. Significa que la lucha de clases está a punto de alcanzar el punto en que uno u otro debe de convertirse en el amo indiscutible. Es un balance crítico de alternativas en el filo de una navaja. Un largo período de equilibrio está descartado; uno o el otro deben prevalecer. La "revolución del 19 de julio" estaba incompleta, pero que fue una revolución lo demuestra el hecho de haber creado un doble poder.

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