Este mes de junio se celebrará el XIX Congreso del POR. Las movilizaciones del 15M formarán parte de sus debates. Publicamos una de las aportaciones para el debate de este Congreso.
XIX Congreso del POR
Indignación/Movilización/Organización
Miguel Salas
Nuestra organización, el Partido Obrero Revolucionario, tiene ya una larga historia. Lo fundamos en 1974 cuando agonizaba la dictadura franquista. Pero sus orígenes políticos se remontan a los años 30 del siglo pasado, a la lucha contra el capitalismo y el fascismo y contra la burocracia estalinista que usurpó las conquistas de una revolución socialista que intentó cambiar el mundo. De esta larga historia, de sus avances y retrocesos, hemos aprendido mucho y seguimos haciéndolo porque sigue sin resolverse uno de los problemas principales de todo movimiento: el de lograr construir una organización estable, democrática y revolucionaria, cuyo objetivo sea acabar con esta sociedad capitalista.
El movimiento es el punto de partida, la base sólida sobre la cual construir el andamiaje de una organización que sirva además para dar continuidad al movimiento, para dotar a la acción de unos objetivos y un programa, para transmitir y colectivizar las experiencias, para intercambiar conocimientos, para lograr unir el esfuerzo de todos en una misma dirección. Aprendimos que necesitamos una organización política tanto si el movimiento va hacia delante como cuando está en retroceso, porque ahí reside la garantía de la continuidad. Por eso regularmente reunimos nuestro Congreso para hacer balance de nuestras actividades y decidir las tareas para el futuro inmediato. Este mes de junio celebraremos nuestro XIX Congreso.
Cambios
En muchos aspectos vivimos momentos de cambio. La profunda crisis del capitalismo globalizado dejará una sociedad diferente a la que conocemos. El propio capitalismo cambiará. Todas las crisis significan una enorme destrucción de fuerzas productivas, cierre de empresas, descenso de la capacidad productiva, millones de hombres y mujeres sin trabajo, y como resultado una mayor concentración de poder económico y político. Un ejemplo claro lo tenemos en el sector financiero en todo el mundo. La crisis ha liquidado o liquidará a muchos bancos, en España a muchas cajas de ahorro, y el enorme poder del que ya gozaba el capital financiero se verá acrecentado con mayor acumulación de capital y de decisión antidemocrática.
Lo que no está decidido de antemano es cuál será la dirección del cambio. Si miramos hacia Egipto o Túnez vemos aires de revolución. Si vemos el movimiento del 15M es aire fresco, una gran indignación por lo que está pasando, un gran deseo de cambiar las cosas. Si nos referimos al movimiento obrero, la huelga general del pasado 29 de septiembre o las numerosas huelgas generales en Grecia son un anuncio de las capacidades de lucha de la clase trabajadora.
Pero la moneda también tiene otra cara. Los capitalistas imponen sus decisiones por toda Europa. La dictadura de los mercados (o sea, de los banqueros y los grandes capitalistas) arrastra a la miseria a millones de trabajadores y destruye las conquistas sociales resultado del esfuerzo de generaciones de luchadores. Las elecciones dan la victoria a la derecha e incluso se alzan voces directamente xenófobas y racistas contra inmigrantes o gente de otra etnia o color. El fracaso de las políticas del gobierno Zapatero por su supeditación a los poderosos ha abierto el camino a la derecha, decidida a aplicar medidas aún más favorables a empresarios y corruptos. No es que convenza la derecha, es que la izquierda neoliberal decepciona. Pero, sobre todo, no logramos crear un potente movimiento y una potente organización que desde la izquierda logre servir de vehículo para crear las condiciones para una alternativa a la actual crisis del capitalismo.
Ser útiles
Se mire como se mire no disponemos de esa herramienta y el propio movimiento del 15M lo ha puesto aún más al descubierto. Y esa debilidad política se nota en prácticamente todos los terrenos de la lucha a la hora de enfrentarse a los capitalistas, a la derecha y también a los que, aún llamándose socialistas, aplican políticas favorables a los poderosos. Se nota en la presencia limitada en la sociedad de propuestas alternativas de lucha contra las políticas neoliberales y, por consiguiente, en la poca fuerza institucional que permita utilizar los ayuntamientos y los parlamentos como tribunas para la denuncia y la movilización.
La izquierda y todos los movimientos que se oponen al neoliberalismo, en sus variadas opciones y matices, necesita ser más fuerte, estar más unidos, tener el oído más presto a las demandas de la gente, ser más democráticos y participativos... necesita (necesitamos) renovar y reconstruir el entramado social y asociativo que permita generar las propuestas y alternativas que convenzan a la gente de que es posible otra política, otras formas de hacer política y, sobre todo, otra salida a la crisis favorable a la clase trabajadora. Pero todo esto ni se improvisa, ni puede surgir de la noche a la mañana, ni puede ser obra de unos pocos sabelotodo. Al contrario, se necesita (necesitamos) más experiencias, más movilizaciones, más unidad, más intercambios, más debate, más relación para acabar con las desconfianzas y más confianza para lograr cambiar la tendencia a la división. Necesitamos el máximo de confluencia de todos y todas las que nos oponemos al neoliberalismo y a sus políticas.
Y con este panorama es legítimo preguntarse ¿y qué hace el POR? La nuestra es una organización minoritaria que dedica todos sus esfuerzos a aportar su grano de arena en la resolución de la renovación/reconstrucción de la izquierda en su sentido más amplio. Lo hacemos construyendo tejido social en los ámbitos en los que trabajamos, ya sea en las empresas construyendo y reforzando el sindicalismo de clase, en los barrios y ciudades, en la defensa de los derechos nacionales, en las actividades de solidaridad, en la lucha contra el paro, o contra la xenofobia y el racismo, en la lucha contra la violencia de género, participando en el movimiento del 15M...
Mediante ese trabajo participamos en la tarea de elevar la conciencia de la gente llevándola al terreno político, a la construcción de un movimiento político amplio y unitario opuesto al neoliberalismo y sus políticas, que permita la confluencia de diversas tendencias y opiniones. Para nosotros hoy eso es posible en Izquierda Unida, Esquerra Unida i Alternativa en Catalunya, Ezker Batua en el País Vasco. No es necesario compartir todos sus posicionamientos ni todas sus decisiones. La izquierda actual es lo suficientemente plural porque tiene distintas procedencias, diversas experiencias y socialmente también representa a diversos sectores sociales, pero lo importante es que IU permite la confluencia de esa diversidad al tiempo que el mantenimiento de la independencia política y la posibilidad de expresar las ideas propias.
Unidad
Pero, dada la grave crisis capitalista, el desprestigio de las políticas neoliberales y el fracaso de la socialdemocracia, ¿no sería necesario plantear medidas y propuestas directamente revolucionarias o anticapitalistas? Algunas organizaciones, también minoritarias, así se lo plantean. El debate real no está en si las medidas deben ser más o menos revolucionarias (por decirlo de alguna manera) sino en cómo reunir la fuerza para poder imponerlas. Y eso sí que exige un debate serio.
Se puede decir que la responsabilidad es de los dirigentes políticos y sindicales que no hacen lo que se espera de ellos para enfrentarse a la derecha y a las políticas neoliberales. Hay una parte de razón. Se puede decir que los medios de comunicación no permiten que otras ideas lleguen a la mayoría de la gente. También es verdad. Y también hay que tener muy en cuenta que las tendencias sociales, por ejemplo cuando votan, dan la mayoría a la derecha. Cualquier argumento que dependa de la responsabilidad de otros no es más que una muestra de nuestras dificultades y debilidades y nos remite al problema de fondo: necesitamos acumular fuerzas para poder enfrentarnos seriamente y con propuestas alternativas y revolucionarias al poder de los banqueros y capitalistas. Evitar ese problema sustituyéndolo con denuncias a otros dirigentes sindicales o políticos, por muy justas y necesarias que sean, no ayuda a resolverlo.
Avancemos en la reflexión. Las reivindicaciones del 15M, por muy justas que sean, ¿cómo se podrían realizar? Pues no tenemos otra respuesta que no sea acumulando fuerzas, ayudando a la confluencia entre ese movimiento y el resto de las fuerzas que se oponen al neoliberalismo, creando y reforzando organizaciones de lucha, fomentando la unidad que permita sumar y no restar.
Insistamos: ¿y para qué sirve el POR? Para defender esa política y esa manera de hacer las cosas en una situación tan compleja como la que vivimos. Con una particularidad, lo hacemos en la medida que consideramos que esa política es un medio para ir preparando las condiciones para un movimiento revolucionario que acabe con la actual sociedad capitalista y permita levantar una sociedad basada en la cooperación y la solidaridad, guiada por el beneficio colectivo y no por el beneficio de unos pocos. En el POR nos consideramos una parte de un movimiento y una organización más amplios que es necesario levantar sobre la confluencia de todos y todas las que estén dispuestas a luchar por acabar con el capitalismo.
En el Congreso que ahora reuniremos queremos dar un impulso a esos dos aspectos, la unidad más amplia posible contra las políticas neoliberales y avanzar en la confluencia de personas y organizaciones. Lo hemos resumido en los lemas, de la indignación a la movilización y a la organización.